PUNTOS IMPORTANTES:
- Michael Burry teme que los máximos de Wall Street sean una trampa alcista antes de una corrección.
- El inversor mantiene apuestas bajistas, pero no planea aumentar su exposición por ahora.
- Su apuesta por las acciones preferentes de Fannie Mae y Freddie Mac depende de una resolución del Gobierno de Trump.
Michael Burry, el inversor que se hizo famoso por anticipar la crisis financiera de 2008 y cuya historia inspiró La gran apuesta, vuelve a lanzar una advertencia sobre Wall Street. A su juicio, los nuevos máximos de muchas acciones podrían esconder una trampa alcista antes de una caída importante.
Pese a esa visión pesimista, Burry no tiene previsto aumentar sus apuestas bajistas por ahora. Su estrategia combina opciones de venta (puts) sobre el Nasdaq-100 y las empresas de semiconductores con posiciones a largo plazo, mientras mantiene otra apuesta importante pendiente de una decisión de la Administración Trump.
La apuesta de Burry depende de Trump
«Podría tratarse de una trampa alcista, y varios mercados bajistas importantes han comenzado así», advirtió Burry en un chat de Substack. El inversor considera que el mercado podría sufrir una corrección, aunque reconoce que el principal desafío es mantener sus posiciones hasta que se cumpla su pronóstico.
Una parte relevante de su cartera está vinculada a Fannie Mae y Freddie Mac, las dos gigantes hipotecarias estadounidenses. Burry vendió sus acciones ordinarias para concentrarse en sus acciones preferentes subordinadas, que podrían revalorizarse con fuerza si el Gobierno resuelve las reclamaciones prioritarias del Tesoro y restablece los dividendos.
El problema es que esa operación depende de decisiones políticas y regulatorias que siguen pendientes. Burry cree que la Administración Trump tiene margen para desbloquear la situación, pero la demora empieza a preocuparle. Mientras tanto, las acciones de ambas compañías acumulan fuertes pérdidas durante 2026.
El escenario también tiene riesgos. Las acciones preferentes del Tesoro tienen prioridad sobre otras clases de títulos, y una conversión de esos derechos en acciones ordinarias podría diluir considerablemente a los accionistas actuales. Además, una privatización rápida parece cada vez menos segura, según las estimaciones citadas en el mercado.













