PUNTOS IMPORTANTES:
- Microsoft vivió su peor arranque de año desde 2008 tras caer más del 25% y perder 1,3 billones de dólares en capitalización desde octubre.
- ¿Que es lo que sucede? La presión proviene sobre todo de su apuesta por la inteligencia artificial, sus vínculos con OpenAI y la reacción negativa hacia Copilot y Windows 11.
- Además, el sector tecnológico entero está bajo tensión por la incertidumbre económica y la guerra en Irán, aunque la compañía sigue lejos de un riesgo de colapso.
Durante los primeros meses de 2026, Microsoft (MSFT) ha vivido un inicio de año que pocos en Wall Street se atrevían a imaginar. El gigante de Redmond, acostumbrado a desafiar crisis y a liderar la ola tecnológica, acumula una caída de más de 25% en lo que va del año, marcando su peor inicio desde 2008.
Cabe recordar que, a finales de octubre de 2025, los títulos habían alcanzado los 542 USD y la firma superaba los 4 billones de dólares en capitalización. Hoy esa cifra ronda los 2,7 billones de dólares. El golpe: unos 1,3 billones de dólares evaporados en pocos meses. Para ponerlo en contexto, la segunda peor corrección de su historia ocurrió en 2022 y supuso una pérdida cercana al billón de dólares. Esta vez ha sido claramente peor.
¿Qué hay detrás de la caída de Microsoft?
Buena parte de este derrumbe ha ido de la mano de la gran apuesta corporativa de los últimos años. La inteligencia artificial, que parecía ser el motor imparable del sector, se ha convertido en una fuente inesperada de volatilidad.
Uno de los momentos que más desconcertó al mercado ocurrió tras la presentación de resultados. El informe fue sólido, incluso brillante, pero la reacción fue exactamente la contraria. En cuestión de horas, Microsoft perdió unos 360.000 millones de dólares de capitalización. Lo que encendió las alarmas fue un dato concreto: casi la mitad de los pedidos pendientes de la compañía estaban vinculados a OpenAI, una empresa con una velocidad de consumo de efectivo que muchos analistas califican de “preocupante”. Según varias fuentes, OpenAI proyecta una pérdida de 14.000 millones de dólares en 2026.
Por si fuera poco, la hoja de ruta de Microsoft con su propio Copilot tampoco ha calmado las aguas. La integración forzosa en productos clave —como Windows— generó rechazo entre usuarios y desarrolladores. La presión fue tal que la compañía tuvo que salir a matizar y frenar algunos cambios. Melius Research llegó a citar a la inteligencia artificial como una de las razones detrás de su recomendación cautelosa sobre el valor.
Mientras tanto, en los foros especializados empezó a aparecer un mote que la empresa nunca hubiera querido escuchar: “Microslop”. La crítica más repetida apunta a la calidad irregular de Windows 11 y a la sensación de que la retirada acelerada de Windows 10 buscaba empujar a millones de personas hacia un sistema que no terminaba de convencer.
El contexto tampoco ayuda. El sector tecnológico en su conjunto vive una resaca inesperada. Hasta Nvidia, la estrella absoluta desde 2022 y emblema reciente del entusiasmo por la IA, lleva casi 1 billón de dólares menos de capitalización desde los máximos de octubre.
En paralelo, la guerra en Irán ha introducido tensiones adicionales. Interrupciones en suministros críticos, cuellos de botella en materias esenciales para hardware y una incertidumbre geopolítica creciente han añadido más presión al sector. En este escenario, nadie descarta que los próximos meses sigan siendo complejos, especialmente para compañías tan expuestas como Microsoft.
A pesar de todo, los analistas coinciden en un punto: Microsoft tiene un tamaño, una diversificación y una capacidad de resiliencia que hacen prácticamente imposible un colapso estructural. Ya ha pasado por crisis antes, y en casi todas salió reforzada. El desafío ahora no es su supervivencia. Es recuperar la confianza perdida.
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