PUNTOS IMPORTANTES:
- La tasa de ahorro personal de EE.UU. cayó al 3% en julio, cerca del mínimo de la era de la burbuja puntocom.
- El consumo continúa sosteniendo la economía, pero el ahorro está actuando cada vez más como fuente de financiación del gasto.
- La inflación subyacente sigue en el 3,3%, lo que mantiene la presión sobre los hogares y complica el trabajo de la Reserva Federal.
El consumidor estadounidense sigue gastando y, a primera vista, la economía parece aguantar bien. Pero debajo de ese dato hay una señal que empieza a llamar la atención de los analistas: los hogares están recurriendo cada vez más a sus ahorros para mantener ese ritmo de consumo.
El dato más reciente del Bureau of Economic Analysis (BEA) muestra que la tasa de ahorro personal cayó al 3% en julio, mientras que el consumo real prácticamente no avanzó durante el mes. En junio había sido del 2,7%.
El gráfico compartido por Daniel Muvdi, CEO de BitFinanzas, pone el foco precisamente en esa diferencia. Desde abril de 2025, el consumo real habría aumentado un 2,8%, mientras que la renta personal disponible real se mantuvo prácticamente estable.
La pregunta, entonces, es bastante sencilla. ¿Cómo ha podido seguir gastando tanto el consumidor estadounidense si sus ingresos reales no avanzan al mismo ritmo?
La respuesta está, al menos en parte, en el ahorro.
El consumidor de EE.UU. está gastando, pero tiene menos margen
La tasa de ahorro personal mide cuánto de la renta disponible queda después de pagar impuestos y realizar los gastos. En julio se situó en el 3%, según los datos oficiales.
No es un nivel cualquiera. El gráfico muestra que se encuentra cerca del mínimo registrado durante la burbuja puntocom, cuando llegó al 2,9%.

Esto no significa que EE.UU. esté necesariamente al borde de una recesión. De hecho, el consumo continúa siendo uno de los principales apoyos de la economía. El PIB estadounidense creció a un ritmo anualizado del 1,5% en el segundo trimestre, con el gasto de los consumidores entre los factores que contribuyeron al crecimiento.
El problema aparece cuando se mira un poco más allá del dato de consumo.
Si los ingresos reales no crecen con suficiente fuerza, mantener un gasto elevado durante mucho tiempo obliga a los hogares a reducir su colchón financiero. Y cuanto menor es ese colchón, más vulnerable se vuelve el consumidor ante una subida de precios, un aumento del desempleo o un deterioro de las condiciones de crédito.
Además, la inflación todavía no ha desaparecido. El PCE subyacente, el indicador que más sigue la Reserva Federal para analizar la evolución de los precios, aumentó un 3,3% interanual en julio, muy por encima del objetivo del 2% del banco central.
Eso complica todavía más el panorama. El consumidor sigue gastando, pero hacerlo resulta cada vez más difícil si los precios continúan creciendo por encima de los ingresos.
La inflación de EE.UU. también está dando una señal incómoda
Muvdi pone además el foco en otro dato. Según su análisis, el 54% de las categorías del Core PCE estaría registrando una inflación superior al 3%, frente al 47% de hace un año.
La cifra apunta a algo importante. No se trata únicamente de que algunos productos concretos estén subiendo mucho de precio, sino de una presión que continúa extendiéndose por distintas partes de la economía.
La propia Reserva Federal ya había advertido durante el año sobre la persistencia de la inflación subyacente y sobre el impacto de los aranceles y de determinados bienes vinculados al desarrollo de la inteligencia artificial.
Por ahora, el consumidor estadounidense sigue sosteniendo la economía. Pero la combinación de ahorro en mínimos, ingresos reales contenidos e inflación todavía elevada empieza a dejar menos margen de error.
Y esa es probablemente la parte más importante del dato. El consumo puede seguir siendo fuerte durante un tiempo, pero si para mantenerlo los hogares tienen que seguir gastando sus ahorros, la fortaleza actual podría ser bastante menos sólida de lo que parece.













