PUNTOS IMPORTANTES:
- Alphabet evalúa emitir un bono a 100 años para financiar su expansión en inteligencia artificial en plena carrera tecnológica global.
- La deuda extrema vuelve porque las tecnológicas necesitan cientos de miles de millones de dólares para sostener el desarrollo de IA.
- Aunque hay demanda de fondos de pensión y aseguradoras, sigue siendo una apuesta financiera rara y con riesgos elevados.
Alphabet (GOOG) vuelve a sacudir el tablero financiero global. Mientras la carrera por dominar la inteligencia artificial exige inversiones cada vez más agresivas, el gigante tecnológico estaría dispuesto a dar un paso que hasta hace poco parecía reservado solo para gobiernos o instituciones históricas. Emitir deuda a un siglo.
La operación llega en un momento donde las tecnológicas necesitan financiación masiva para sostener el ritmo de innovación. Y en ese contexto, incluso estructuras financieras que parecían olvidadas están regresando.
“No buscan solo inversores tradicionales, quieren atraer desde financiación estructurada hasta capital de muy largo plazo”, explicó Gordon Kerr, estratega macroeconómico europeo de KBRA.
Cuando la IA obliga a pensar en deuda a escala generacional
Alphabet planea lanzar un bono a 100 años denominado en libras esterlinas. Sería la primera vez que una tecnológica vuelve a este tipo de emisiones desde la era puntocom, cuando Motorola hizo algo similar en 1997.
El movimiento no es casual. El sector tecnológico está quemando capital a un ritmo pocas veces visto. Alphabet ya anticipó que su gasto en inteligencia artificial podría llegar a 185.000 millones de dólares este año, casi el doble frente al año anterior.
A esto se suma un fenómeno más amplio. Morgan Stanley proyecta que las grandes compañías de nube podrían endeudarse hasta 400.000 millones de dólares en 2026, frente a 165.000 millones de dólares en 2025. El salto refleja una realidad clara. La IA no solo es innovación, también es una guerra financiera.
El mercado británico aparece como terreno ideal. Fondos de pensiones y aseguradoras buscan activos ultra largos para equilibrar sus pasivos. De hecho, son los principales compradores naturales de este tipo de bonos.
Kerr lo resumió de forma directa: “Quien compre este bono probablemente no será quien esté presente cuando se reembolse”.
Un instrumento raro y con historia de éxitos… y fracasos
Los bonos a 100 años siguen siendo excepcionales fuera del mundo gubernamental. En libras esterlinas, solo entidades como Electricite de France, la Universidad de Oxford y Wellcome Trust emitieron deuda similar recientemente.
El problema es su enorme sensibilidad a los tipos de interés. Cuando suben las tasas, estos bonos pueden desplomarse. Un ejemplo claro es Wellcome Trust. Su bono con menor cupón llegó a cotizar cerca de 44,6 peniques por libra.
También existe riesgo empresarial puro. JC Penney emitió deuda a 100 años y terminó en quiebra solo 23 años después.
Esto explica por qué estas operaciones siguen siendo vistas como apuestas estratégicas más que como financiación estándar.
La deuda como nueva gasolina del sector tecnológico
Alphabet ya demostró su capacidad para atraer dinero. En noviembre captó 17.500 millones de dólares con pedidos cercanos a 90.000 millones de dólares. También emitió 6.500 millones de euros en Europa.
Pero ahora el desafío es otro. La industria necesita financiar centros de datos, chips, infraestructura y talento especializado. Todo al mismo tiempo.
Meta, Microsoft y otras gigantes también anunciaron planes de gasto multimillonarios. El mercado empieza a asumir que la inteligencia artificial será una carrera de resistencia financiera, no solo tecnológica.
Aun así, los expertos dudan de que los bonos a 100 años se vuelvan comunes. “Ni siquiera es algo habitual en los bonos del Tesoro”, advirtió Kerr.
En un escenario donde las compañías defensivas conviven con picos de volatilidad global, cada vez más inversores priorizan operar con acceso directo al precio real del mercado y sin fricciones de costes ocultos. Plataformas como Quantfury empiezan a ganar protagonismo entre quienes buscan ejecutar operaciones sobre acciones internacionales bajo condiciones transparentes, algo especialmente valorado cuando el mercado reacciona rápido a cambios macro y resultados corporativos.














