PUNTOS IMPORTANTES:
- Ron Paul advierte que la deuda récord y la devaluación monetaria llevan al dólar estadounidense a un punto crítico.
- La inflación actúa como un impuesto encubierto que agrava la desigualdad y erosiona el poder adquisitivo, advirtió el experto.
- Además, el mayor riesgo no sería solo económico, sino una respuesta política que limite libertades ante el caos financiero.
La advertencia no llega desde un analista cualquiera ni desde un banco de inversión. Llega de alguien que lleva décadas criticando el corazón del sistema monetario estadounidense.
Ron Paul, excongresista y una de las voces más persistentes contra el dinero fiduciario, vuelve a encender las alarmas y lo hace con un mensaje claro: el modelo actual se acerca a un punto de ruptura.
En una entrevista concedida a David Lin, Paul sostiene que la economía de Estados Unidos atraviesa una situación estructuralmente distinta a cualquier crisis previa. No se trata de otro susto fiscal ni de una recesión cíclica. El problema, según explica, es mucho más profundo y tiene que ver con el agotamiento de la riqueza acumulada, el abuso del dólar como herramienta política y el peso de una deuda que ya ronda los 38 billones de dólares.
Una crisis distinta a las anteriores
Paul recuerda que en otros momentos de la historia, como a comienzos de la década de 1920, Estados Unidos atravesó contracciones intensas pero breves. El ajuste fue duro, pero permitió limpiar excesos y sentar las bases de una recuperación sólida. Hoy, en cambio, la estrategia parece ser la opuesta: retrasar el ajuste a fuerza de gasto deficitario y expansión monetaria.
Ese enfoque, advierte, no elimina el problema, solo lo amplifica. “Hemos devaluado el dólar abusando de él”, afirma, y añade que también se ha erosionado la credibilidad del país en el escenario internacional. A su juicio, la política exterior y la financiación permanente de déficits terminan pasando factura al núcleo del sistema financiero.
“El dólar está en problemas”
La frase no es nueva en el discurso de Ron Paul, pero esta vez llega acompañada de señales que, según él, ya se reflejan en los mercados. Habla de un entorno marcado por una volatilidad creciente, incertidumbre persistente y una huida progresiva del dinero fiduciario.
En ese contexto, el comportamiento de ciertos activos se convierte en un termómetro de desconfianza. Paul subraya que ver precios del oro cercanos a los 5.000 USD por onza no es una casualidad, sino un síntoma. Durante años llegó a plantear escenarios extremos, incluso cifras de 20.000 USD, pero ahora introduce una advertencia adicional: puede que el sistema monetario colapse antes de que esos números tengan sentido real.
La clave, insiste, no es el precio en sí, sino lo que representa. Cuando los inversores dejan de confiar en la moneda, buscan refugio en aquello que no puede imprimirse.
Inflación, desigualdad y un impuesto silencioso
Otro de los ejes de su análisis es la desigualdad. Para Paul, no es un fenómeno aislado ni accidental. Está directamente ligado a la devaluación monetaria. La inflación, explica, funciona como un impuesto oculto que castiga con más dureza a quienes llegan últimos al dinero nuevo.
“El 50% de la gente no paga impuesto sobre la renta, pero sí paga un impuesto mucho más siniestro, que es la inflación”, señala. En su visión, este mecanismo perjudica especialmente a las clases media y baja, mientras protege a quienes tienen acceso temprano al crédito y a los flujos financieros.
También critica con dureza el papel de la Reserva Federal, a la que acusa de distorsionar las tasas de interés y de ocultar el coste real del gasto público, incluidas las guerras y los déficits crónicos. El resultado, sostiene, es una transferencia silenciosa de riqueza desde la población hacia el sistema.
El riesgo político detrás del colapso
Más allá del impacto económico, Paul introduce un último elemento que considera aún más preocupante. Cuando el sistema financiero entra en caos, la respuesta política suele ser más control, menos libertad y una expansión del poder del Estado. A su entender, ese proceso ya empieza a reflejarse en el malestar social y en la tensión que se vive en algunas ciudades estadounidenses.
La gran amenaza, concluye, no es solo una crisis económica, sino la tentación de resolverla sacrificando libertades en nombre de la estabilidad.










