PUNTOS IMPORTANTES:
- Los rendimientos del Tesoro de EE. UU. subieron, con el bono a 10 años en 4.720% y el de 30 años en 5.222%.
- Las apuestas por una subida de tasas de la Fed en septiembre aumentaron al 60%, frente al 35% previo al discurso de Warsh.
- El petróleo Brent superó los 90.50 dólares por barril tras la escalada militar, aumentando los temores de inflación.
Los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU. se mantuvieron cerca de máximos de varias semanas este lunes. Los vencimientos largos continuaron avanzando mientras los inversores asimilaban el tono restrictivo del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, durante su discurso en Jackson Hole y el fuerte repunte de los precios del petróleo.
El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años subió hasta 4.720%, encadenando su 3ª sesión consecutiva al alza. El movimiento refleja un cambio en las expectativas del mercado sobre la trayectoria de la política monetaria estadounidense durante los próximos meses.
En el extremo largo de la curva, el rendimiento del bono a 30 años avanzó hasta 5.222%, alcanzando su nivel más alto en casi 1 semana.
Por su parte, el rendimiento del bono a 2 años, más sensible a las decisiones de la Fed, retrocedió ligeramente hasta 4.323%. La tasa tomó un respiro después de registrar el viernes su mayor incremento diario desde el 17 de junio de 2026, tras las advertencias de Warsh sobre la persistencia de las presiones inflacionarias.
Warsh eleva las apuestas sobre una subida de tasas en septiembre
El discurso de Kevin Warsh en el simposio de Jackson Hole se convirtió en uno de los principales catalizadores del repunte de los rendimientos de la deuda soberana.
El funcionario advirtió que los responsables de la política monetaria todavía «tienen trabajo por hacer» si la inflación no muestra señales convincentes de regresar al objetivo del 2% de la Reserva Federal.
Sus comentarios provocaron una rápida revisión de las expectativas del mercado. Los futuros de los fondos federales ahora descuentan una probabilidad cercana al 60% de que la Fed eleve las tasas en 25 puntos básicos durante su reunión del 16 de septiembre.
Antes del discurso de Warsh, esa posibilidad rondaba el 35%.
La nueva perspectiva también tuvo repercusiones fuera de EE. UU. Los mercados de deuda europeos registraron fuertes movimientos ante la posibilidad de que las principales autoridades monetarias mantengan una postura más restrictiva.
El rendimiento del bono alemán a 2 años, conocido como Schatz, alcanzó un máximo de varios meses de 2.898%. A su vez, el rendimiento del Bund alemán a 10 años llegó a 3.2903%, su nivel más alto desde 2011.
En Francia, el rendimiento de los bonos a 30 años también alcanzó su nivel más elevado desde 2008.
Los mercados esperan nuevas señales de los miembros de la Fed
Ahora la atención de los operadores se concentra en las próximas intervenciones de otros funcionarios de la Reserva Federal.
El gobernador Michael Barr tiene previsto hablar el martes, mientras que Christopher Waller intervendrá el jueves. Sus comentarios podrían ayudar a determinar si el tono restrictivo de Warsh representa una posición ampliamente compartida entre los miembros con derecho a voto.
Los mercados buscarán especialmente señales sobre la inflación y el rumbo de las tasas antes de la reunión de septiembre.
El petróleo vuelve a presionar a la inflación
El repunte de los rendimientos también está relacionado con el fuerte incremento de los precios del petróleo.
Una nueva escalada militar en el golfo Pérsico impulsó los principales referentes energéticos y reavivó los temores de una inflación provocada por mayores costos.
Durante el fin de semana, fuerzas estadounidenses realizaron ataques aéreos contra 2 lanzadores de cohetes iraníes en la isla de Larak, en el estrecho de Ormuz. Posteriormente, se produjeron ataques de represalia contra posiciones militares estadounidenses en Jordania.
La escalada militar provocó un fuerte movimiento en el mercado energético. Los futuros del crudo Brent llegaron a subir cerca de 3%, superando los 90.50 dólares por barril.
El incremento genera preocupación por posibles interrupciones prolongadas en el tránsito de petróleo a través del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas para el transporte mundial de crudo.
El shock energético llega en un momento especialmente delicado para los bancos centrales. Un petróleo más caro podría dificultar el proceso de desinflación y reducir el margen de las autoridades monetarias para recortar las tasas.
Los datos económicos serán clave esta semana
Con los rendimientos de los bonos en niveles elevados, los inversores ahora esperan una intensa agenda de indicadores económicos en EE. UU.
El martes se conocerán los datos de ofertas de empleo JOLTS correspondientes a julio, que permitirán evaluar la fortaleza de la demanda laboral.
El miércoles será el turno del informe de empleo privado ADP de agosto.
Sin embargo, el principal foco estará el viernes, cuando se publique el informe oficial de empleo no agrícola de EE. UU., conocido como NFP.
El mercado espera que la contratación se recupere después de la contracción registrada en julio. El resultado será especialmente relevante porque representará uno de los últimos datos importantes del mercado laboral antes de la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto de septiembre.
La combinación de inflación persistente, petróleo al alza y señales sobre el mercado laboral podría definir las próximas apuestas sobre las tasas de interés y mantener la presión sobre los rendimientos de los bonos del Tesoro.
Los rendimientos avanzaron, con el bono a 10 años alcanzando el 4.720%, debido al tono restrictivo de Kevin Warsh en Jackson Hole y al repunte del petróleo. El mercado está recalibrando sus apuestas ante la posibilidad de una política monetaria más dura de lo previsto.
Tras las advertencias de la Fed sobre la persistencia inflacionaria, la probabilidad de una subida de tasas de 25 puntos básicos en septiembre saltó del 35% al 60%. Los inversores ahora descuentan que el banco central «todavía tiene trabajo por hacer» para alcanzar su objetivo del 2%.
La escalada militar entre EE. UU. e Irán ha disparado el crudo Brent por encima de los 90.50 dólares, generando un shock energético de oferta. Este encarecimiento del petróleo presiona la inflación al alza y complica el proceso de desinflación que los bancos centrales necesitan para flexibilizar sus políticas.
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