PUNTOS IMPORTANTES:
- El PCE subió un 3,7% interanual en julio y la inflación subyacente se situó en el 3,3%, todavía muy por encima del objetivo del 2% de la Fed.
- Los ingresos personales aumentaron un 0,4% y el gasto de los consumidores un 0,2%, una señal de que la economía estadounidense mantiene cierta fortaleza.
- La próxima gran prueba llegará en septiembre, cuando la Fed vuelva a reunirse y decida si mantiene o modifica su política de tipos.
La inflación en Estados Unidos volvió a dar una señal que la Reserva Federal tendrá muy en cuenta antes de su próxima decisión sobre los tipos de interés. El índice de precios de gastos de consumo personal, conocido como PCE y considerado el indicador de inflación preferido de la Fed, avanzó un 0,2% en julio y dejó la tasa anual en el 3,7%.
El dato fue ligeramente peor de lo esperado. Los analistas consultados por Dow Jones habían previsto un aumento anual del 3,6%, por lo que el informe volvió a recordar al mercado que la inflación todavía está lejos del objetivo del 2% de la Reserva Federal.
La cifra que más interesa a los inversores, sin embargo, fue la inflación subyacente. Al excluir alimentos y energía, el PCE avanzó también un 0,2% mensual y un 3,3% interanual, exactamente en línea con las previsiones.
Puede parecer un dato moderado, pero sigue siendo demasiado elevado para la Fed. La inflación subyacente es precisamente la referencia que los responsables del banco central suelen observar para detectar hacia dónde se dirigen los precios a medio plazo.
El problema para la Fed no está solo en la inflación
El informe mostró además que la economía estadounidense mantiene cierto impulso. Los ingresos personales aumentaron un 0,4% durante julio, mientras que el gasto de los consumidores avanzó un 0,2%.
Es una combinación que complica todavía más el escenario para la Reserva Federal. Los precios siguen creciendo por encima del objetivo y, al mismo tiempo, los consumidores mantienen su capacidad de gasto.
Dentro del índice hubo comportamientos muy diferentes. Los precios de los bienes bajaron un 0,1%, ayudados por una caída del 2,7% en la gasolina y otros productos energéticos. Los muebles y electrodomésticos también se abarataron.
Los servicios, en cambio, continuaron encareciéndose. Sus precios aumentaron un 0,3%, con especial presión en los servicios financieros y los seguros, que subieron un 1,2%. La vivienda avanzó otro 0,3%.
Esta diferencia es importante porque buena parte de la batalla contra la inflación se está trasladando precisamente al sector servicios, donde los precios suelen ser más resistentes.
La reacción inicial de los mercados fue prudente. Los futuros de Wall Street retrocedieron ligeramente después de conocerse el dato, mientras que los rendimientos de los bonos del Tesoro subieron.
Y los bonos ya venían bajo presión.
Los rendimientos de los títulos a 10 y 30 años han alcanzado recientemente sus niveles más altos desde 2007, en medio de las dudas sobre la inflación, el enorme déficit presupuestario de Estados Unidos y el volumen de deuda que debe financiar el Gobierno.
Septiembre será la próxima gran prueba
La Reserva Federal no tiene prevista una reunión de política monetaria en agosto, por lo que ahora todas las miradas se dirigen hacia los días 15 y 16 de septiembre, cuando el Comité Federal de Mercado Abierto volverá a decidir sobre los tipos.
El mercado sigue esperando posibles cambios en la política monetaria, aunque la incertidumbre es elevada. El dato de inflación de julio no ofrece precisamente un argumento contundente para acelerar una relajación monetaria.
Antes de esa reunión habrá otra cita importante. Los principales responsables de la Fed se encuentran esta semana en Jackson Hole, Wyoming, para su tradicional simposio anual.
El discurso del presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, previsto para el viernes, puede ofrecer nuevas pistas sobre cómo está leyendo el banco central la evolución de los precios y de la economía.
Mientras tanto, el Tesoro también intenta jugar su propia partida. La semana pasada, el secretario Scott Bessent anunció que aumentaría las recompras de deuda pública con el objetivo de influir en el mercado de bonos.
La medida busca aliviar parte de la presión sobre los rendimientos, aunque los inversores todavía dudan de cuánto puede conseguir realmente el Tesoro con estas operaciones.
En definitiva, el dato de julio no supone un cambio radical en el escenario, pero sí deja una conclusión clara. La inflación estadounidense continúa demasiado alta para que la Fed pueda relajarse completamente, mientras los elevados rendimientos de los bonos y el déficit público añaden otra fuente de presión.
Ahora el mercado espera a Jackson Hole y, sobre todo, a septiembre para saber qué hará finalmente la Reserva Federal.












