PUNTOS IMPORTANTES:
- Google vivió su mayor caída bursátil en meses, pero el consenso de Wall Street sigue siendo optimista a largo plazo.
- La empresa mantiene fuerza financiera y alianzas en inteligencia artificial, aunque crece el uso de IA como sustituto parcial del buscador.
- La incertidumbre por la industria de la IA y la guerra en Oriente Medio añade riesgos que podrían frenar a Google durante 2026.
Google (GOOGL) vivió el 24 de marzo su sesión más dura desde junio de 2025. Las acciones de Alphabet arrancaron en 299USD y cerraron en 289 USD, una caída del 3.28% que dejó al mercado con la sensación de que algo se había quebrado.
La ligera recuperación posterior, apenas un 1% en el after hours, no disipó la pregunta que flotaba en los parqués: ¿la acción estaba dando una oportunidad o simplemente empezaba un descenso más profundo?
En lo que va de 2026, el retroceso acumulado ronda el 7,6%, cotizando ahora en 288 USD. Un golpe considerable para cualquier gigante tecnológico, aunque en Wall Street siguen sin perder el entusiasmo. Los analistas, de hecho, mantienen un tono sorprendentemente optimista: el consenso apunta a un precio de 376 USD en los próximos 12 meses. Algunas casas incluso se han animado a poner el listón en 400 USD.
El respaldo no es casual. Todas las revisiones importantes de marzo fueron alcistas, pese al vaivén que marcó el mes. Para muchos expertos, la caída no dejó de ser un bache más dentro de un mercado que en 2026 se mueve entre expectativas desmedidas con la IA y temores cada vez más visibles sobre su rentabilidad real.
La sombra del enfriamiento de la IA… y la guerra
A todo esto se suma un problema: la industria de la IA está en un momento de frenazo evidente. Los inversores empiezan a preguntarse si las promesas de productividad y beneficios llegarán realmente. La reciente visión bajista de Melius Research sobre Microsoft (MSFT), mencionando a Copilot como riesgo antes que fortaleza, fue un aviso claro.
Algunas señales preocupan. Disney canceló su acuerdo de mil millones de dólares con OpenAI. Ese mismo día, OpenAI anunció el fin de Sora, un proyecto que muchos habían presentado como “el TikTok de la IA”. Si la fiebre se enfría, las grandes tecnológicas podrían pagar el precio.
El conflicto en Irán añade otra capa de riesgo. Las interrupciones en las rutas de suministro afectan combustibles y materiales clave para la industria tecnológica. El helio, esencial para refrigeración de centros de datos y procesos de fabricación, vuelve a estar en la lista roja. Y los ataques a infraestructuras digitales en Oriente Medio generan preocupación sobre posibles daños a centros de datos vinculados a empresas estadounidenses.
En medio de todo ese ruido, Google sigue siendo Google. Potente, influyente y con bolsillos profundos. Pero el entorno en 2026 no ofrece certezas para nadie. Más bien obliga a pensar en esta caída como un recordatorio: incluso los gigantes pueden tambalear cuando varias piezas se mueven a la vez.
Y quizá por eso, a día de hoy, muchos analistas coinciden en un punto intermedio. Google no está para aventuras especulativas. Pero tampoco parece ser un valor para abandonar. Más bien, para sostener y observar de cerca en los próximos meses.
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