PUNTOS IMPORTANTES:
- En estos momentos, la guerra comercial y el riesgo legal sobre aranceles añaden un factor extra de volatilidad en Wall Street.
- La venta masiva de acciones podría continuar porque los fondos algorítmicos aún están ajustando posiciones y podrían vender hasta 33 mil millones de dólares.
- El aumento del 118% en despidos y el gasto extremo en IA están generando dudas sobre la sostenibilidad del ciclo tecnológico actual.
La calma que mostró el mercado estadounidense tras el rebote del S&P 500 a principios de febrero no termina de convencer a los grandes bancos. La sensación dominante es que la liquidación todavía no terminó y que el sistema sigue cargado de tensiones invisibles para el inversor minorista.
Goldman Sachs advierte que el golpe inicial fue lo suficientemente fuerte como para activar dinámicas automáticas de venta. Los fondos cuantitativos y seguidores de tendencia todavía están ajustando posiciones y podrían intensificar la presión si el mercado vuelve a girar a la baja.
Si ese escenario se confirma, podrían salir del mercado acciones por unos 33.000 millones de dólares. Incluso en un contexto lateral, la estimación ronda los 15.400 millones de dólares, una cifra suficiente para mantener la volatilidad elevada durante varias semanas.
Liquidez débil, posiciones cortas y un mercado frágil
El problema no es solo la venta puntual. El verdadero riesgo es la estructura actual del mercado. Menos liquidez y más posiciones cortas netas crean un terreno donde cualquier movimiento negativo puede amplificarse.
Esto significa que pequeñas noticias pueden provocar reacciones desproporcionadas. Es un patrón que ya se vio en otros ciclos de corrección, especialmente cuando los algoritmos dominan el volumen diario.
En paralelo, el mercado laboral estadounidense empieza a sumar presión. Enero dejó 108.435 despidos, un salto del 118% frente al mismo periodo de 2025 y el peor arranque de año desde la crisis de 2009. El dato no es menor porque refleja un cambio estructural en la economía, impulsado por la automatización, la IA y la reconfiguración del comercio global.
Las grandes tecnológicas están en el centro de ese cambio. Mientras prometen inversiones gigantescas en inteligencia artificial, también están ajustando costes. Amazon, UPS y Target recortaron plantillas a finales de 2025. Ya en 2026, los ajustes alcanzaron al Washington Post y Oracle analiza reducir hasta 30.000 puestos.
La paradoja es evidente. La IA necesita generar billones en ingresos antes de 2030 para justificar el gasto actual. Muchos analistas dudan de que ese retorno llegue a tiempo. Además, algunos compromisos de inversión anunciados meses atrás parecen haber perdido impulso.
Incluso proyectos clave empiezan a mostrar grietas. Nvidia habría abandonado una inversión prevista de 100.000 millones de dólares vinculada al ecosistema de IA, una señal que el mercado interpretó como advertencia sobre el ritmo real de monetización.
El debate ya no es tecnológico. Es financiero. Michael Burry, conocido por anticipar la crisis de 2008, vuelve a sonar entre los inversores tras advertir sobre valoraciones extremas dentro del sector.
El factor político vuelve a jugar
A todo esto se suma el frente comercial. La política arancelaria impulsada por Donald Trump añade incertidumbre en un momento donde el mercado necesita estabilidad.
Datos recientes sugieren que hasta el 96% del coste de los aranceles termina trasladándose al consumidor estadounidense. Eso erosiona consumo y complica el crecimiento económico.
Además, existe un riesgo jurídico. Si la Corte Suprema decide frenar los aranceles, el impacto podría ser doble. Por un lado, sacudiría la política comercial. Por otro, generaría un shock inmediato en sectores que ya adaptaron su estructura de costes.
El mercado, en este contexto, parece moverse sobre una cuerda floja. No hay un único detonante, sino una acumulación de tensiones macro, tecnológicas y políticas que podrían activarse de forma simultánea.
A corto plazo, la clave será la liquidez global y la confianza en el ciclo de inversión en IA. Si alguno de esos pilares se debilita, la liquidación podría reactivarse con rapidez.
Podrían venderse hasta USD 33.000 millones en acciones si los fondos cuantitativos intensifican el ajuste de posiciones.
La baja liquidez, el aumento de posiciones cortas, los despidos masivos y las dudas sobre la rentabilidad real de la IA están elevando el riesgo sistémico.
La volatilidad podría mantenerse alta y una nueva corrección podría activarse rápido si falla el ciclo de inversión en IA o aumenta la presión macro y comercial.













