PUNTOS IMPORTANTES:
- Goldman Sachs cree que la caída de la compañía es exagerada y ve potencial de subida cercano al 49%.
- El mercado castigó fuerte a Microsoft por miedo a cambios estructurales en su negocio.
- La batalla real será quién logra monetizar la IA más rápido sin erosionar sus negocios actuales.
El arranque de 2026 no fue cómodo para Microsoft (MSFT). La compañía vivió semanas de presión bursátil mientras el mercado empezó a cuestionar hasta qué punto la inteligencia artificial podría cambiar su negocio más rentable, especialmente su ecosistema Office. En paralelo, la desaceleración percibida en el crecimiento de la nube encendió aún más las dudas entre inversores.
Sin embargo, en medio de ese clima de incertidumbre, Goldman Sachs mantuvo su recomendación de compra y sostuvo un precio objetivo de 600 USD a 12 meses, lo que implicaría un potencial de subida cercano al 49% desde niveles recientes. Para el banco, el castigo del mercado parece más emocional que estructural.
La inteligencia artificial asusta, pero también abre puertas
El retroceso de la tecnológica ronda el 16,5% en lo que va de 2026. Parte del golpe llegó tras la publicación de resultados, cuando la acción cayó cerca del 10% pese a que el negocio cloud siguió creciendo con fuerza. Los ingresos de la división crecieron un 39%, un número alto en términos absolutos pero que quedó ligeramente por debajo de lo que esperaba el mercado y del ritmo del trimestre anterior.
Ese pequeño desajuste fue suficiente para activar ventas. En un entorno donde la IA domina titulares y narrativas, cualquier señal de desaceleración se amplifica. Muchos inversores temen que nuevas soluciones basadas en IA puedan cambiar la forma en la que empresas y usuarios utilizan herramientas de productividad, lo que pone bajo la lupa a todo el sector tecnológico.
Desde la visión de la banca estadounidense, ese miedo podría estar sobredimensionado. En su análisis, consideran que la compañía sigue teniendo ventajas competitivas enormes en software corporativo, infraestructura cloud y ecosistemas empresariales. Además, el despliegue de IA dentro de sus propios productos podría convertirse en una fuente adicional de ingresos más que en una amenaza.
Fuera del análisis original, el contexto también acompaña parcialmente esta tesis. El gasto global en infraestructura de IA sigue acelerándose y las grandes corporaciones priorizan proveedores con escala y seguridad. Eso suele favorecer a los grandes actores frente a nuevos competidores más pequeños.
El mercado, de momento, sigue dividido. Algunos inversores priorizan la cautela ante cambios tecnológicos estructurales. Otros ven en estas correcciones oportunidades históricas dentro de compañías que ya atravesaron múltiples ciclos tecnológicos.
Al final, la discusión no pasa solo por la IA. También gira alrededor de valoraciones, expectativas de crecimiento y del ritmo al que las empresas pueden monetizar esta nueva ola tecnológica.
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