PUNTOS IMPORTANTES:
- La deuda de las tarjetas de crédito llegó a 1,26 billones de de dólares, cerca del récord alcanzado el año pasado.
- El principal riesgo para Wall Street sería un aumento de los impagos, que afectaría primero a bancos y entidades financieras y después podría trasladarse al consumo.
- Todavía no hay señales de una nueva crisis de crédito, ya que las nuevas morosidades se han mantenido relativamente estables, pero el elevado endeudamiento es un factor que los inversores deberán vigilar.
La deuda de las tarjetas de crédito en Estados Unidos volvió a aumentar y quedó muy cerca de su máximo histórico. El dato, que a primera vista podría parecer un problema exclusivo de los hogares, tiene una lectura mucho más amplia para Wall Street.
Los estadounidenses acumularon 1,26 billones de dólares en saldos de tarjetas durante el segundo trimestre de 2026, 21.000 millones más que tres meses antes, según el informe sobre deuda y crédito de los hogares de la Reserva Federal de Nueva York. El incremento fue del 1,7% y dejó la cifra a poca distancia del récord de 1,28 billones de registrado el año pasado.
Lo llamativo es que la deuda total de los hogares no aumentó. De hecho, cayó en 13.000 millones de dólares, hasta 18,8 billones. La composición, sin embargo, cuenta una historia diferente. Mientras algunas categorías se redujeron, las tarjetas de crédito, los préstamos para automóviles y las líneas de crédito sobre viviendas siguieron creciendo.
Y ahí aparece la preocupación para los inversores.
El problema para Wall Street no es la deuda, sino que empiece a no pagarse
Que los estadounidenses utilicen más sus tarjetas no significa necesariamente que la economía esté entrando en problemas. De hecho, el consumo continúa mostrando fortaleza y el gasto personal aumentó a un ritmo sólido durante el segundo trimestre.
El verdadero riesgo aparecería si una parte cada vez mayor de esa deuda comenzara a convertirse en impagos. La Reserva Federal de Nueva York señaló que la morosidad de tarjetas y préstamos para automóviles continúa en niveles elevados, aunque las nuevas transiciones hacia la morosidad se han mantenido relativamente estables desde 2024.
Hay además un matiz importante. El aumento hasta el 12,8% de los saldos considerados en «mora avanzada«, con más de 90 días de retraso, puede exagerar el deterioro actual porque los préstamos que ya fueron dados de baja permanecen durante más tiempo en los historiales crediticios. La propia Fed de Nueva York ha advertido sobre este efecto.
Por eso, el dato no permite hablar de una nueva crisis de crédito. Pero sí muestra que una parte del consumidor estadounidense está dependiendo cada vez más del crédito revolving para mantener su nivel de gasto.
Y eso es especialmente relevante porque las tarjetas siguen teniendo unos costes de financiación muy elevados. Los tipos medios se encuentran muy por encima de los niveles de hace unos años, lo que hace que mantener una deuda durante meses resulte cada vez más caro.
Los bancos serían los primeros en notar el golpe
Para Wall Street, uno de los principales focos está en los bancos y las compañías financieras que conceden tarjetas. Si los impagos aumentan, estas entidades tienen que asumir más pérdidas, aumentar provisiones y reservar más capital para cubrir posibles créditos incobrables.
Los datos de la Reserva Federal muestran precisamente que las tarjetas de crédito siguen siendo una de las categorías con mayores tasas de pérdidas para los bancos. En el primer trimestre de 2026, la tasa anualizada de charge-offs de las tarjetas se situó en el 3,84% para el conjunto de los bancos comerciales.
El impacto no se limitaría al sector financiero.
Si los hogares empiezan a utilizar una parte cada vez mayor de sus ingresos para pagar deuda, tendrán menos dinero disponible para restaurantes, viajes, tecnología, automóviles o entretenimiento. En ese escenario, las empresas orientadas al consumidor podrían empezar a notar una desaceleración en sus ventas y beneficios.
Ese es probablemente el escenario que más interesa a los inversores. La deuda de las tarjetas no supone por sí misma una amenaza para Wall Street, pero podría convertirse en una señal adelantada de debilidad del consumidor si los saldos continúan aumentando al mismo tiempo que empeoran los impagos.
Por ahora, los datos ofrecen una imagen mixta. El consumidor estadounidense todavía aguanta, pero cada vez hay más señales que justifican vigilar de cerca su capacidad para seguir haciéndolo.













