PUNTOS IMPORTANTES:
- El Tesoro de Estados Unidos duplicará como mínimo sus recompras de bonos de largo plazo hasta 4.000 millones de dólares.
- La medida puede aumentar la demanda de bonos a 10 y 30 años y reducir sus rendimientos, lo que podría aliviar parte de la presión que pesa actualmente sobre Wall Street.
- Sin embargo, las recompras no solucionan el enorme déficit fiscal ni la creciente deuda estadounidense.
El mercado de bonos estadounidense acaba de recibir una señal que los inversores no deberían pasar por alto. El Tesoro de Estados Unidos decidió duplicar, como mínimo, el tamaño de sus recompras de bonos a largo plazo, justo cuando los rendimientos de la deuda habían alcanzado niveles que no se veían desde hace años.
La medida permitirá al Tesoro recomprar al menos 4.000 millones de dólares en cada operación, frente a los 2.000 millones anteriores. El nuevo límite comenzará a aplicarse el 9 de septiembre y estará vigente hasta el próximo reembolso trimestral, previsto para noviembre.
La reacción fue inmediata. El rendimiento del bono estadounidense a 30 años cayó hasta el 5,207%, después de haber alcanzado apenas un día antes el 5,327%, su nivel más alto desde 2007. El bono a 10 años también retrocedió hasta alrededor del 4,65%.
Puede parecer un movimiento puramente técnico, pero tiene una lectura mucho más importante para Wall Street.
El Tesoro está comprando precisamente donde había más presión
Las recompras estarán concentradas en bonos con vencimientos de entre 10 y 30 años. Es decir, justo en la parte de la deuda estadounidense que más presión había acumulado durante las últimas semanas.
Cuando el Tesoro compra estos bonos, aumenta la demanda sobre ellos. Y cuando aumenta la demanda, sus precios tienden a subir y sus rendimientos a bajar.
Eso explica buena parte de la reacción del mercado.
El problema es que los rendimientos de los bonos largos no habían subido por casualidad. Los inversores están exigiendo una rentabilidad cada vez mayor para prestar dinero a Estados Unidos durante períodos muy largos, en un contexto marcado por un enorme déficit fiscal, una elevada cantidad de deuda y dudas sobre la inflación.
Por eso la decisión del Tesoro puede aliviar parte de esa presión, pero no elimina el problema de fondo.
No es un nuevo estímulo de la Fed
Hay otro detalle importante. La operación del Tesoro no equivale a que la Reserva Federal haya vuelto a comprar bonos de forma masiva.
La Fed utiliza programas de expansión cuantitativa, conocidos como QE, para comprar deuda y otros activos con el objetivo de inyectar liquidez en el sistema financiero y presionar a la baja los tipos de interés.
Aquí el mecanismo es diferente.
El Tesoro está recomprando parte de los bonos que ya están en circulación y puede financiar esas operaciones utilizando principalmente deuda de vencimiento más corto. En la práctica, está modificando la composición de la deuda estadounidense.
Hay menos presión sobre determinados bonos de largo plazo y más deuda de corto plazo.
El efecto puede ser relevante para el mercado porque permite al Gobierno actuar sobre la parte larga de la curva de tipos sin que la Fed tenga que lanzar un nuevo programa de compras.
El gran problema sigue siendo el déficit
La cuestión es que ninguna recompra puede hacer desaparecer la cantidad de deuda que Estados Unidos necesita emitir.
El déficit federal alcanzó los 432.300 millones USD en julio, el mayor desde marzo de 2021, y el acumulado del ejercicio fiscal se acercó a los 1,8 billones USD.
Al mismo tiempo, los intereses de la deuda ya superaron los 1,1 billones USD durante el año.
Ese es el verdadero desafío para el mercado de bonos. El Tesoro puede ayudar a mejorar la liquidez y reducir temporalmente la presión sobre determinados vencimientos, pero Estados Unidos seguirá necesitando emitir enormes cantidades de deuda.
Y cuanto mayor sea esa oferta, más difícil puede resultar convencer a los inversores de que compren bonos a largo plazo sin exigir una rentabilidad elevada.
A esto se suma la inflación. Los precios al consumidor subieron un 3,4% interanual en julio, todavía bastante por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal.
También preocupa el comportamiento de los grandes compradores extranjeros. Las tenencias internacionales de bonos del Tesoro disminuyeron en junio, con descensos registrados en países como China, Japón y Reino Unido.
La pregunta que importa ahora para Wall Street
Aquí es donde la decisión del Tesoro empieza a interesar mucho más allá del mercado de bonos.
Si las recompras consiguen mantener bajo control los rendimientos de la deuda a 10 y 30 años, podrían quitar una fuente importante de presión a las bolsas estadounidenses.
Los tipos de interés de largo plazo tienen un peso enorme en la valoración de las empresas. Cuando los rendimientos de los bonos suben demasiado, las acciones, especialmente las compañías tecnológicas y de crecimiento, pueden perder atractivo frente a la deuda pública.
Si ocurre lo contrario y los rendimientos empiezan a bajar de forma sostenida, el escenario puede cambiar.
Por eso el movimiento de Bessent está siendo seguido de cerca por los inversores. No porque las recompras solucionen el déficit estadounidense, sino porque podrían ayudar a estabilizar precisamente el mercado que estaba empezando a convertirse en uno de los mayores problemas para Wall Street.
La clave estará ahora en comprobar si esta intervención consigue mantener los rendimientos bajo control o si el enorme volumen de deuda que Estados Unidos seguirá colocando termina imponiéndose nuevamente.














