PUNTOS IMPORTANTES:
- Los rendimientos de bonos a 10 y 30 años se dispararon este jueves, lo que indica que los inversores están exigiendo cada vez más rentabilidad para asumir el riesgo de mantener deuda a largo plazo.
- Los mercados ya descuentan más de un 75% de probabilidades de otra subida de tipos de la Fed en octubre, frente al 49% de hace apenas una semana.
- La combinación de petróleo caro, inflación, deuda pública y tipos elevados vuelve a aumentar la presión sobre los bonos y amenaza con trasladar más volatilidad a Wall Street.
Los bonos del Tesoro de Estados Unidos volvieron a lanzar una señal que los mercados no pueden ignorar. El rendimiento del bono a 30 años llegó este jueves al 5,44%, su nivel más alto en más de dos décadas, mientras el rendimiento a 10 años avanzó hasta el 5,15%, cerca de máximos que no se veían desde 2007.
El movimiento se produjo mientras los inversores aumentaban sus apuestas a que la Reserva Federal tendrá que volver a subir los tipos de interés antes de que termine el año. El mercado llegó a descontar más de un 75% de probabilidades de una subida en octubre, frente a alrededor del 49% apenas una semana antes.
El cambio en las expectativas es importante porque la Fed acaba de elevar los tipos en 25 puntos básicos y ahora mantiene el tipo oficial en un rango de entre 3,75% y 4%. Además, 16 de los 18 responsables de política monetaria señalaron que probablemente será necesaria al menos otra subida antes de que termine 2026.
La presión ya no está solo en Estados Unidos
La tensión tampoco se limitó a los bonos estadounidenses. Los mercados de deuda soberana de otras grandes economías también registraron fuertes movimientos, en una señal de que los inversores están exigiendo mayores rentabilidades para mantener deuda a largo plazo.
Japón volvió a estar bajo los focos, mientras que los rendimientos de los bonos británicos y alemanes también avanzaron. El fenómeno refleja una preocupación que se ha ido extendiendo por los mercados globales, con la inflación, el petróleo, el gasto público y las necesidades de financiación de los gobiernos entre los principales factores.
Mike Sanders, responsable de renta fija de Madison Investments, había advertido que la combinación de presiones fiscales, económicas, geopolíticas y de inflación estaba llevando al mercado de bonos hacia un escenario poco habitual. Según el especialista, el aumento de los rendimientos ya no podía explicarse únicamente por las preocupaciones relacionadas con el déficit.
El petróleo también está jugando un papel importante. El crudo volvió a subir y mantiene abierta la preocupación por una nueva presión sobre la inflación, especialmente mientras continúa el conflicto en Oriente Medio. A esto se suma una economía estadounidense que todavía muestra suficiente fortaleza como para dificultar un giro rápido hacia una política monetaria más flexible.
Todo esto genera un problema para los mercados. Cuando aumentan los rendimientos de los bonos, el coste de financiación también sube y los activos de riesgo pueden perder atractivo frente a la deuda pública. Las empresas, los hogares y el propio Gobierno estadounidense quedan expuestos a un entorno de tipos más elevados.
La situación es especialmente relevante para Wall Street. Los futuros de los principales índices estadounidenses reaccionaron a la nueva escalada de los rendimientos, con los futuros del Nasdaq 100 llegando a caer alrededor de un 1%, mientras los del S&P 500 retrocedían cerca de un 0,6%.
Williams vuelve a poner sobre la mesa otra subida
El mensaje de la Fed tampoco ayudó a calmar al mercado. John Williams, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, afirmó este jueves en Londres que considera razonable pensar que el banco central podría necesitar subir nuevamente los tipos antes de que termine el año para contener los riesgos de inflación.
«Es razonable pensar que otra subida de tipos puede ser apropiada antes de final de año», señaló Williams, aunque también dejó claro que la decisión dependerá de los próximos datos económicos.
Sus declaraciones llegaron apenas unos días después de que Michael Barr, miembro de la Junta de Gobernadores de la Fed, defendiera la posibilidad de realizar nuevos ajustes en la política monetaria para devolver la inflación hacia el objetivo del banco central.
El mercado, por ahora, parece haber tomado nota. La posibilidad de más subidas ha dejado de ser un escenario marginal y vuelve a ocupar un lugar central en las cotizaciones.
La otra cuestión es cuánto tiempo puede mantenerse esta presión. Los rendimientos elevados pueden terminar afectando al crecimiento si encarecen demasiado el crédito, pero al mismo tiempo una inflación persistente obligaría a la Fed a mantener una postura restrictiva durante más tiempo.
El mercado de bonos queda así en el centro de la escena. El rendimiento del Treasury a 30 años en niveles no vistos desde 2004 y el bono a 10 años cerca de máximos de casi dos décadas muestran que los inversores están exigiendo cada vez más rentabilidad para asumir el riesgo de mantener deuda a largo plazo.
Y mientras los bonos siguen bajo presión, Wall Street tendrá que convivir con una pregunta que vuelve a ganar fuerza en los mercados: ¿hasta dónde tendrá que llegar la Reserva Federal para contener la inflación?













