PUNTOS IMPORTANTES:
- El FMI advierte que una decepción en las inversiones y los beneficios de la inteligencia artificial podría desencadenar una fuerte corrección en Wall Street.
- El escenario recuerda al estallido de la burbuja puntocom de 2000, aunque las grandes tecnológicas actuales cuentan con negocios y beneficios mucho más consolidados.
- El endeudamiento, el apalancamiento y una eventual subida de los rendimientos de los bonos podrían amplificar las caídas y extenderlas al resto de la economía.
Wall Street lleva meses apoyándose en una misma apuesta para justificar buena parte de sus subidas: la inteligencia artificial. Nvidia, Microsoft, Alphabet, Amazon y otras grandes tecnológicas concentran enormes inversiones y expectativas de crecimiento. Pero ¿qué pasaría si ese negocio no termina generando los beneficios que esperan los inversores?
Ese es uno de los escenarios que empieza a preocupar a los organismos financieros internacionales. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió en su informe de estabilidad financiera de octubre que una desaceleración de las inversiones en inteligencia artificial o una rentabilidad inferior a la prevista podría provocar una corrección importante en los activos vinculados al sector.
El riesgo no se limita a unas pocas empresas. Los grandes valores tecnológicos tienen un peso enorme en los principales índices estadounidenses. Si sus cotizaciones se desploman, el impacto podría arrastrar al Nasdaq y al S&P 500, incluso aunque otras compañías mantengan resultados razonablemente sólidos.
La preocupación ya se refleja en el mercado. Según Reuters, el Nasdaq 100 acumulaba una caída superior al 7% en octubre, mientras los inversores empezaban a cuestionar si el gasto multimillonario de las grandes tecnológicas en IA ofrecerá retornos suficientes.
El problema de una Bolsa que depende demasiado de la inteligencia artificial
El primer riesgo está en las valoraciones. Las grandes compañías tecnológicas han recibido miles de millones de dólares en inversiones porque el mercado espera que la IA transforme sus negocios y genere nuevas fuentes de ingresos.
Pero construir centros de datos, comprar chips y ampliar la infraestructura requiere inversiones enormes. Si las empresas empiezan a gastar más dinero del que consiguen recuperar, los inversores podrían revisar rápidamente sus expectativas.
El FMI también puso el foco en una particularidad del sector. Algunas compañías mantienen acuerdos de financiación e inversión entre sí, creando una red de compromisos comerciales y financieros. Si una de las piezas importantes de ese ecosistema pierde capacidad para crecer, el impacto podría extenderse al resto.
A esto se suma la concentración bursátil. Cuando un grupo reducido de empresas explica buena parte del avance de los índices, una caída de esos valores puede provocar un movimiento mucho más amplio de lo que sugieren sus propios resultados.
¿Podría repetirse el estallido de la burbuja puntocom?
La comparación histórica más cercana sería el estallido de la burbuja tecnológica de comienzos de siglo. A finales de los años noventa, el entusiasmo por internet llevó a los inversores a pagar valoraciones extraordinarias por empresas que prometían cambiar la economía, aunque muchas todavía no tenían beneficios sostenibles.
Cuando las expectativas comenzaron a desinflarse, el Nasdaq perdió cerca del 78% de su valor entre marzo de 2000 y octubre de 2002. Muchas compañías desaparecieron y otras tardaron años en recuperar sus cotizaciones.
Un escenario similar podría producirse si Wall Street concluye que las inversiones en inteligencia artificial están sobredimensionadas o que los beneficios tardarán mucho más de lo esperado. No significa que la IA sea una burbuja ni que todas las empresas tecnológicas vayan a caer de esa manera, pero sí que las expectativas actuales dejan poco margen para decepciones.
El riesgo que podría convertir una corrección en una crisis mayor
El segundo factor es el endeudamiento. El FMI advirtió que el aumento de la financiación mediante deuda y el uso de apalancamiento pueden amplificar una caída bursátil.
El mecanismo es relativamente sencillo. Si las acciones bajan con fuerza, los inversores que operan con dinero prestado pueden verse obligados a vender para cubrir sus posiciones. Esas ventas presionan todavía más los precios y pueden generar nuevas liquidaciones.
También preocupa una eventual subida de los rendimientos de los bonos soberanos. Si la inflación vuelve a acelerarse o aumenta la desconfianza sobre las cuentas públicas, los tipos de interés a largo plazo podrían subir. Eso encarecería la financiación de las empresas y reduciría el atractivo de las acciones, especialmente de aquellas cuyo valor depende de beneficios esperados para dentro de muchos años.
En un escenario extremo, varios de estos problemas podrían coincidir y provocar una caída generalizada de los activos financieros. El golpe sería más serio si las pérdidas bursátiles terminan afectando al crédito, al consumo y a la inversión empresarial.
¿Sería otro 2008 o algo diferente?
La crisis financiera de 2008 tuvo su origen en el mercado inmobiliario estadounidense y en una red de productos financieros vinculados a hipotecas de alto riesgo. El problema terminó afectando a los bancos, paralizó el crédito y provocó una recesión global.
El escenario que hoy preocupa a los organismos financieros tiene un origen distinto. La principal amenaza está relacionada con las valoraciones tecnológicas, la concentración de inversiones y el endeudamiento que acompaña a la carrera por la IA.
Eso no significa que el sistema financiero esté completamente protegido. El FMI también alertó sobre los riesgos que acumulan algunos intermediarios financieros no bancarios y los fondos de inversión apalancados. Sin embargo, el organismo considera que el sistema bancario global mantiene, en términos generales, una posición de resistencia.
Por ahora, no existe una señal que permita afirmar que un desplome de esa magnitud sea inminente. El propio FMI reconoce que los mercados siguen respaldados por el crecimiento económico y los buenos resultados empresariales.
La clave estará en lo que ocurra durante los próximos trimestres. Si las grandes tecnológicas consiguen demostrar que sus inversiones en inteligencia artificial generan ingresos y beneficios suficientes, las valoraciones podrían sostenerse. Si ocurre lo contrario, Wall Street podría enfrentarse a una corrección mucho más profunda que la registrada hasta ahora.













