PUNTOS IMPORTANTES:
- Bessent ha duplicado las recompras de deuda a largo plazo hasta al menos 4.000 millones de dólares por operación para intentar reducir los rendimientos.
- El Tesoro estadounidense tiene unos 950.000 millones de dólares en su cuenta de efectivo y podría utilizar parte de ese dinero para financiar recompras de bonos.
- La medida puede bajar los tipos a corto plazo, pero no elimina el problema de fondo de Estados Unidos, cuya deuda pública ya supera los 40 billones de dólares.
El Tesoro de Estados Unidos tiene una enorme cantidad de dinero en una cuenta que normalmente pasa desapercibida. Ahora, Scott Bessent podría utilizar parte de esos fondos para intervenir en el mercado de bonos y tratar de frenar el fuerte aumento de los tipos de interés a largo plazo.
La cuenta en cuestión es la Cuenta General del Tesoro (TGA), que acumula alrededor de 950.000 millones de dólares. Es, en términos sencillos, la cuenta corriente del Gobierno estadounidense en la Reserva Federal.
Y aquí está lo importante. El Tesoro podría utilizar parte de ese dinero para financiar la compra de bonos del Estado que ya están en circulación.
La medida llega después de que Bessent anunciara que Estados Unidos duplicará sus recompras de deuda a largo plazo, desde 2.000 millones de dólares hasta al menos 4.000 millones de dólares por operación. El secretario del Tesoro incluso dejó abierta la puerta a que las compras sean mayores.
¿Por qué quiere Bessent comprar sus propios bonos?
Para entender qué está pasando hay que mirar primero al mercado de deuda.
Cuando el precio de un bono baja, su rentabilidad o rendimiento sube. Y eso es precisamente lo que preocupa ahora a Washington. El rendimiento del bono estadounidense a 30 años llegó recientemente al 5,34%, su nivel más alto desde 2007, mientras la deuda pública estadounidense acaba de superar los 40 billones de dólares.
Unos tipos a largo plazo demasiado elevados no solo encarecen la financiación del Gobierno. También pueden terminar afectando a las hipotecas, los préstamos empresariales y buena parte del coste de financiación de la economía.
Por eso el Tesoro quiere aumentar la demanda de bonos antiguos y de largo plazo. Si compra esos títulos, sus precios pueden subir y sus rendimientos bajar.
Es una forma de intentar aliviar la presión sin que la Reserva Federal tenga que intervenir directamente.
Y aquí aparece la TGA.
Si el Tesoro utiliza parte de esos 950.000 millones de dólares para comprar bonos, está utilizando dinero que ya tiene disponible en lugar de pedir inmediatamente más financiación al mercado. Eso le da margen para actuar sin tener que depender de una nueva emisión de deuda a largo plazo.
El problema es que la TGA no es dinero gratis. Si el Gobierno reduce demasiado su saldo de efectivo, en algún momento tendrá que volver a reponerlo mediante nueva financiación.
Además, comprar bonos no elimina la deuda de Estados Unidos. Simplemente cambia quién tiene esos títulos y, dependiendo de cómo se financien las operaciones, puede modificar el tipo de deuda que emite el Tesoro.
Eso explica por qué algunos inversores creen que la medida puede ser útil para ganar tiempo, pero no para solucionar el problema fiscal de fondo. Reuters recogió precisamente esta crítica de analistas que consideran que las recompras no resuelven el déficit, la inflación ni la enorme cantidad de deuda que Washington necesita colocar.
El mercado todavía no termina de creérselo
La primera reacción fue positiva. Después del anuncio del Tesoro, los rendimientos de los bonos a largo plazo cayeron con fuerza.
Pero el efecto duró poco. Los inversores volvieron a vender deuda al día siguiente y los rendimientos recuperaron buena parte de la subida. El bono a 30 años llegó a cotizar nuevamente cerca del 5,24%.
El motivo es bastante lógico. El mercado sabe que el Tesoro puede comprar algunos bonos, pero también sabe que Estados Unidos sigue teniendo que financiar enormes déficits.
Además, las recompras anunciadas son pequeñas comparadas con el tamaño total del mercado de deuda estadounidense. Por eso, más que solucionar el problema, la operación busca enviar un mensaje a los inversores.
Bessent lo explicó de forma bastante directa al defender que los rendimientos actuales no reflejan correctamente la fortaleza de la economía estadounidense.
La primera operación bajo el nuevo esquema está prevista para el 9 de septiembre y el programa se extenderá durante las próximas semanas.
Lo que ocurra entonces será importante. Si el Tesoro consigue reducir los rendimientos sin generar nuevas dudas sobre la deuda estadounidense, Bessent habrá demostrado que tiene una herramienta capaz de influir en el mercado.
Si no funciona, la presión volverá rápidamente al mismo lugar. Estados Unidos seguirá necesitando financiar una deuda de más de 40 billones de dólares y un déficit elevado.
Y esa es la parte que ninguna recompra de bonos puede solucionar por sí sola.














