PUNTOS IMPORTANTES:
- Google enfrenta riesgos regulatorios y dudas sobre la rentabilidad real del negocio de inteligencia artificial.
- Sin embargo, Wells Fargo elevó su recomendación sobre Alphabet a comprar y fijó un precio objetivo de 387 USD, lo que implica un potencial cercano al 23%.
- El impulso se apoya en la expansión de infraestructura de IA y en la monetización de Gemini.
Las acciones de Alphabet (GOOG) vuelven a estar en el radar de Wall Street. Y no por un rumor cualquiera. Esta vez ha sido un cambio de recomendación lo que ha reactivado el debate sobre el verdadero potencial de Google en los próximos 12 meses.
El analista Ken Gawrelski, de Wells Fargo, decidió mover fichas tras el último impulso bursátil. Elevó su recomendación de neutral a comprar y, al mismo tiempo, subió el precio objetivo desde 353 USD hasta 387 USD.
Con el título cotizando en torno a 315 USD y prácticamente plano en lo que va de año, ese nuevo objetivo implica un potencial cercano al 23%. No es menor, sobre todo para una compañía de este tamaño.
La apuesta por la inteligencia artificial
El cambio no fue casual. El mercado empieza a mirar más allá de la publicidad digital y pone el foco en la infraestructura de inteligencia artificial.
Gawrelski considera que Alphabet podría aumentar su capacidad instalada de 15 GW a 35 GW para 2028. Ese salto reforzaría su posición frente a competidores en la carrera por dominar la infraestructura que sostiene los modelos de IA.
Además, la monetización de Gemini empieza a pesar en el relato. Las suscripciones y los acuerdos corporativos podrían convertirse en una vía de ingresos más estable. La idea es clara. Google no quiere limitarse a desarrollar inteligencia artificial, quiere venderla como servicio.
En este punto, la visión de Wells Fargo se alinea con el consenso del mercado. En los últimos tres meses, la mayoría de firmas ha mantenido una recomendación de compra fuerte. El precio objetivo medio ronda los 382,81 USD, según datos de mercado.
No todo es euforia
Tampoco conviene perder de vista los riesgos propios del negocio de IA. El sector aún no ha demostrado una rentabilidad estructural sólida. Proyectos de gran escala requieren inversiones masivas en centros de datos y hardware con ciclos de vida cortos. Si la demanda real no acompaña, la factura puede ser elevada.
Google, además, depende de que su apuesta por la nube crezca al ritmo esperado. No basta con tener capacidad instalada. Hace falta que empresas y gobiernos consuman esos servicios de forma sostenida.
En definitiva, el mercado ha vuelto a creer en la historia de crecimiento. Pero la narrativa, esta vez, se juega en un terreno distinto al de la publicidad online que la hizo gigante.













