PUNTOS IMPORTANTES:
- Nvidia ha multiplicado sus obligaciones de compra, un salto que preocupa a Michael Burry por su carácter estructural.
- Aunque la compañía superó previsiones con ingresos de 68.130 millones de dólares y un beneficio por acción de 1,62 USD, la acción cayó más de un 4% tras los resultados.
- El debate ya no es si la IA crecerá, sino si Nvidia está asumiendo compromisos demasiado agresivos para sostener ese crecimiento.
Cuando Michael Burry habla, el mercado escucha. No siempre le da la razón, pero sí le presta atención. El gestor que anticipó la crisis de 2008 y cuya historia inspiró The Big Short volvió a poner el foco sobre una de las niñas bonitas de la bolsa estadounidense, Nvidia. Y esta vez no lo hizo para aplaudir.
En una publicación reciente en su Substack, Burry explicó por qué las acciones del gigante de los chips le siguen pareciendo inquietantes. No cuestiona el negocio de la inteligencia artificial ni el liderazgo tecnológico de la compañía. Lo que le preocupa es algo más estructural y menos visible a simple vista.
El dato que encendió la alarma
Al revisar el último informe anual 10-K, Burry detectó un salto enorme en las obligaciones de compra a largo plazo. Nvidia pasó de 16.100 millones de dólares a 95.200 millones de dólares en apenas un año. La cifra no es menor.
Esos compromisos están vinculados a acuerdos de suministro no cancelables, necesarios para asegurar capacidad de fabricación y empaquetado avanzado de semiconductores. En otras palabras, Nvidia está reservando producción con mucha antelación y comprometiendo capital incluso antes de tener la demanda final totalmente confirmada.
Buena parte de esta dinámica gira en torno a Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, más conocida como TSMC. El mayor fabricante de chips del mundo ha exigido compromisos a largo plazo y pagos por adelantado para poder satisfacer la explosiva demanda de los nuevos procesadores de IA.
Para Burry, aquí hay un cambio profundo. “NVDA se ha visto obligada a emitir órdenes de compra no cancelables mucho antes de conocer la demanda. Esto parece ser estructural a la nueva trayectoria de desarrollo de productos, y no algo temporal”, escribió.
El matiz es clave. Si la demanda de inteligencia artificial se desacelerara, Nvidia podría quedarse atada a compromisos multimillonarios difíciles de ajustar.
Resultados brillantes, dudas persistentes
La advertencia llega en un momento en el que, sobre el papel, todo parece ir bien. Nvidia presentó ingresos trimestrales de 68.130 millones de dólares, por encima de los 66.210 millones que esperaba el consenso. El beneficio por acción fue de 1,62 USD, superando la previsión de 1,53 USD.
Wall Street reaccionó como suele hacerlo cuando la compañía bate expectativas. Firmas como Bank of America, JPMorgan y Morgan Stanley reiteraron sus recomendaciones de compra. Vivek Arya, de Bank of America, elevó su precio objetivo hasta 300 USD.
Sin embargo, el mercado no respondió con el mismo entusiasmo. Las acciones de Nvidia (NVDA) llegaron a caer más de un 4% y se movían en torno a 187,5 USD tras los resultados. Una señal de que, incluso con cifras récord, los inversores empiezan a preguntarse si el ritmo es sostenible.
Burry no está diciendo que Nvidia vaya a desplomarse mañana. Lo que sugiere es algo más incómodo. Que quizá el mercado debería mirar más allá de los titulares sobre ingresos récord y preguntarse qué está ocurriendo bajo el capó.
Y cuando el inversor que vio venir 2008 pide prudencia, al menos merece una segunda lectura.
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Bit finanzas siempre la rompe, gracias mastro Dani Muvdi.